Pasaron horas sin que nadie dijera nada. Mi madre y mi hermano también vinieron en cuanto Jo los llamó. Josh se paseaba por el pasillo ansiosamente mientras Sam estaba apoyado en la pared, mirando al suelo. Mi madre consolaba a mi suegra y yo me quedaba sentada mirando mis manos. "Shayla, vamos a lavarte las manos y a echarte un poco de agua en la cara", sugiere Jo, y yo niego con la cabeza entumecida.
"¿Podemos traerte algo?", ofrece Aimee, y yo suspiro, cerrando los ojos. Un torrente intermin