En la clínica en donde llegaron solo se pudo escuchar el lamento de todos aquellos que perdían seres queridos, mientras por la puerta, de forma apresurada trasladaron a Rafael, con un médico reanimandolo, mientras Zoé no quería despegarse de él.
La sangre aún en sus manos era demasiado para resistir verla.
Cada paso era como si quisiera quedarse atascada, pero todo finalizó cuando ya no le permitieron cruzar la puerta que estaba a poco ser derribada.
__ Que ellos hagan su trabajo. - le dijo