Epílogo.
La vida dio muchas vueltas para Grecia y Logan, sus destinos estuvieron unidos incluso antes de saberlo, sus miradas se encontrarían de alguna manera, en algún tiempo, en un segundo. Y terminarían del mismo modo, con una bebé que volvía loco a su padre.
Como esa mañana que Logan tuvo que salir corriendo atrás de la pequeña de cabello azabache, en pañales y con su camisa arrastras. Ni siquiera le importó la camisa blanca que llevó en una sola mano, sino la dirección que llevaba.
Las escaleras.