El tiempo no se detuvo.
Aunque para Alejandra, en muchos momentos, lo había parecido.
Pero no.
Siguió avanzando.
Implacable.
Silencioso.
Exacto.
Los días después de aquella conversación fueron distintos.
No más cercanos.
No más cálidos.
Pero sí más definidos.
Alejandra cumplió lo que dijo.
Dejó de estar en pausa.
Salía más.
Se enfocaba en ella.
En su vida.
En lo que venía después.
Y Sebastián…
no la detuvo.
Pero tampoco fue indiferente. El día llegó sin anunciarse.
No hubo nada especial en el a