El vaso roto seguía en el suelo.
Pero nadie lo miraba.
Porque lo importante no era eso.
Era lo que había pasado.
Y lo que no.
Sebastián la sostuvo hasta asegurarse de que no iba a caer.
No dijo nada más de lo necesario.
No preguntó más de lo que ya había preguntado.
Pero tampoco se fue.
Se quedó.
Demasiado cerca para alguien que llevaba días actuando como si nada importara.
Alejandra lo notó.
Claro que lo notó.
La forma en que su mano seguía en su brazo un segundo más de lo necesario.
La forma