La mañana siguiente, Elena se despertó temprano.
El sol apenas asomaba cuando se levantó de la cama cómoda.
Había dormido poco, su mente ocupada en cómo sería la vida en la mansión Romagnoli.
El silencio de la casa era casi opresivo, un recordatorio constante de la soledad que ahora la rodeaba, tampoco es como si su vida hubiera cambiado mucho.
Se vistió con el vestido que había encontrado en su armario la noche anterior, sencillo pero elegante, y decidió explorar la mansión antes de que Gio