Elena entró al dormitorio que le asignaron con una mezcla de agotamiento y tensión en su cuerpo.
Había sido un día largo, lleno de instrucciones constantes y supervisión por parte del personal encargado de guiarla.
La habitación, aunque inmensa y lujosamente decorada, se sentía vacía.
No había ni rastro de calidez en las paredes grises ni en los muebles oscuros que parecían absorber toda la luz que entraba por las grandes ventanas.
Sus pasos resonaron suavemente sobre el suelo de mármol mien