—Recordé que no tenías cómo llegar a mí, así que decidí venir hasta ti —murmuró él, con esa confianza inquebrantable que siempre lo rodeaba.
Se había acercado tanto que su pecho casi rozaba su espalda. Elena sintió su presencia, intensa y firme, como si él reclamara el espacio a su alrededor sin pedir permiso.
Por un instante, permaneció inmóvil, los músculos tensos, conteniendo el aliento. Era consciente de cada centímetro y esa cercanía la inquietaba.
—Algo me dijo que necesitabas un héroe —