Elena se despertó como siempre lo hacía: con la cama vacía a su lado. El frío de la mañana se colaba por la ventana entreabierta, y la falta de calor a su lado era un recordatorio brutal de la ausencia de Giovanni.
Se dejó caer contra la almohada, un suspiro de frustración escapándose de sus labios. ¿Cuándo llegaría el día en que él se quedara a su lado, que compartieran el calor de sus cuerpos durante la noche? Era un deseo casi infantil, un anhelo que había comenzado a parecer un chiste crue