A la mañana siguiente, Giovanni ordenó eliminar todas las flores del jardín, dejándolo como un terreno árido y desolado. Aquellas plantas habían llenado el espacio de color y energía, y ahora no quedaba rastro de esa vibrante vida.
Elena estaba confinada en esas cuatro paredes de su habitación. Lo que más temía de su esposo ya se había hecho realidad. Una punzada de ira y resentimiento empezó a florecer en su interior.
«¿Por qué me trata como a una prisionera?», se preguntó.
Sí, había desobedec