Elena estaba sentada al borde de la cama, el silencio de la habitación pesando sobre ella como una losa. Sus ojos, enrojecidos por la falta de sueño, vagaban por el techo, intentando aferrarse a un pensamiento, a algo que le diera consuelo. Pero no había descanso para ella, no después de lo sucedido la noche anterior.
Había sido una pesadilla, pero no una que pudiera escapar al despertar. No había escapatoria del miedo que la consumía desde que aquel hombre irrumpió en su habitación, sombras mo