Elena no se imaginó que Bellini la llevaría al despacho. Al cruzar el umbral, una sensación de pánico la envolvió. El aire en esa habitación parecía más denso, impregnado de ese recuerdo oscuro que tanto había tratado de enterrar.
Su mente la arrastró a aquel día, a la imagen de sus manos temblorosas sujetando un arma, obligada a apuntar al chef bajo la fría orden de Giovanni.
Sacudió la cabeza, tratando de alejar esos pensamientos. No podía permitirse perder el control en ese momento. Bellini