El silencio de la madrugada fue roto por la voz entrecortada de Elena, quien despertó de repente, con una mueca de dolor. Giovanni estaba profundamente dormido a su lado.
—Giovanni… creo que es el momento —susurró ella, aunque su tono traía consigo una urgencia que no necesitaba ser elevada para ser comprendida.
Giovanni tardó apenas un segundo en reaccionar. Se incorporó de un salto, y en ese momento, el pánico y la emoción lo golpearon con fuerza.
—¿Ahora? ¿Ya? ¡Demonios, está pasando! —excla