Seis meses después.
El sol brillaba en el cielo, iluminando los jardines del extenso terreno de la familia Aguirre. Los pájaros cantaban melodías alegres, y el aroma de las flores frescas llenaba el aire. En este día tranquilo y radiante, Victoria Aguirre se encontraba sentada en un banco de jardín, contemplando el paisaje con una sonrisa serena cuando su esposo César le hizo una seña para que lo acompañara.
La vida de Victoria había experimentado una transformación notable desde aquellos días