Alessandro sentía que el corazón se le iba a salir del pecho, golpeándole las costillas con una fuerza descomunal que casi lo dejaba sin aliento. No sabía con absoluta certeza si ese bebé que venía en camino era realmente su hijo, pero la sola posibilidad de que lo fuera encendía en él un instinto protector feroz; definitivamente, si esa criatura era de su sangre, quería con toda su alma que viviera a como diera lugar.
Esperó con una angustia creciente en la sala de espera a que ingresaran a Gi