Alessandro sentía que verdaderamente no podía más con toda aquella situación. El aire se le había escapado por completo de los pulmones, obligándolo a dar dos pasos torpes hacia atrás hasta que chocó contra el comedor. Se sentó pesadamente en la silla de madera, apoyando los codos sobre las rodillas e intentando respirar de manera acompasada para apaciguar el violento torbellino que amenazaba con desbordarlo. ¿Qué era exactamente toda la mierda que le estaba diciendo Amelia en ese preciso insta