CAPÍTULO — Lo que no se puede deshacer
Lourdes Vera estaba de pie, con los brazos cruzados, el cuerpo tenso, la mandíbula apretada. No era una postura defensiva: era contención pura. Si aflojaba, aunque fuera un poco, sabía que iba a temblar… o a decir algo que ya no tendría vuelta atrás.
Frente a ella, Martín Fontes parecía más chico de lo que era. Desarmado. Con esa expresión torpe y perdida de quien recién entiende que cruzó una línea que no tiene retorno.
—Lourdes, por favor… —dijo él,