CAPÍTULO — Seguirles el juego
Gabriel cerró apenas los ojos, porque entendió que ellos no solo estaban jugando sucio: estaban jugando con todos. Y él iba a seguirles el juego, pero no para ganar con ellos, sino para hacerlos caer.
Sandy entró como si la casa fuera suya. Saludó a Fiona con un beso familiar, de esos que no se dan la primera vez, inclinó la cabeza con respeto calculado hacia Gonzalo y recién entonces se acercó a él.
Demasiado cerca.
Le dio un beso justo a la altura de la oreja, lento, provocador.
Gabriel dio un paso atrás de inmediato.
—Un gusto —dijo, seco.
Ella sonrió.
—Soy Sandy —se presentó—. Trabajo con tus padres, en marketing. Si necesitás algo, estoy a disposición.
Gabriel apretó los dientes. Por dentro, tuvo que tragarse el impulso de gritarle lo que realmente pensaba. Se lo tragó todo: el desprecio, la rabia, la bronca.
—¿De qué hablaban? —preguntó ella, con falsa curiosidad.
Gonzalo carraspeó.
—Nada importante.
—Gabriel va a volver a t