CAPÍTULO — La propuesta indecente
Gabriel llegó a la mansión Ortega con la sensación incómoda de estar entrando en una casa que ya no le pertenecía, aunque llevara su apellido grabado como un karma, y aun así supiera que no podía darse el lujo de entrar como hijo, sino como testigo, porque al cabo de los años descubrió que no solo a los Fontes su padre había estafado: había muchos empresarios que no quieren a los Ortega, y Gabriel carga con ese apellido como una piedra en su mochila lastimando