CAPÍTULO 218 — El comienzo
Mía había ido a desayunar con sus abuelos, Isabel y Fabián, a la mansión Castell. La mesa estaba servida con la pulcritud de siempre: el café humeaba, el aroma de las tostadas se mezclaba con el de una torta que la abuela había ordenado especialmente. La luz de la mañana entraba por el ventanal, iluminando la escena como cualquier otro día... pero el aire pesaba distinto. Había despedida en el ambiente, y el silencio de los cubiertos contra la loza era el único testi