CAPÍTULO 219 — Yo también tengo abogados
Cristian llegó caminando rápido. Los lentes oscuros ya eran parte de él, no por necesidad, sino por costumbre. La gorra también. No para esconderse… sino para intentar sostener un mínimo de control en un mundo que, de un momento a otro, había dejado de respetar cualquier límite.
Y eso era lo que más le molestaba.
A él le gustaba cantar.
Le gustaba componer.
Le gustaba sentarse frente a un piano y dejar que la música hablara por él, sin intermediarios