CAPÍTULO 208 — Lo que no se puede curar
Los días después del acuerdo con Mía habían tomado un ritmo extraño.
No eran días de felicidad absoluta, pero tampoco eran tan oscuros como los anteriores.
Cristian iba a la casa de los Castell, veía a Luz, la cargaba, la hacía dormir, se dejaba enseñar las rutinas de la bebé sin discutir, y luego salía con la sensación amarga de estar construyendo algo hermoso sobre las ruinas de todo lo que había roto.
Mía seguía igual de cauta. Y aunque no lo echaba, t