CAPÍTULO 207— La promesa
La casa quedó en silencio después de que Mía salió de la cocina.
Todo parecía extraño.
Cristian se quedó de pie unos segundos sin moverse, con los lentes sobre la mesa y la respiración todavía irregular.
Las palabras de Mía seguían golpeándole en la cabeza.
Voy a volver a Canadá.
Sentía esa frase como si alguien se la hubiera clavado en el pecho.
Apoyó las manos en la mesada y bajó la cabeza.
No sabía cuánto tiempo había pasado cuando escuchó el pequeño llanto.