CAPÍTULO 205 — El recuerdo
Dos días habían pasado desde que Luz llevaba el apellido de su padre.
No era una tarde distinta a otras en apariencia. Luz había estado inquieta desde que despertó de la siesta, con esa mezcla de sueño liviano, hambre a medias y ganas de brazos que a veces la ponía más sensible. Mía llevaba más de una hora yendo de un lado al otro con la paciencia cansada de una madre que, aunque ya empezaba a conocer los ritmos de su hija, todavía seguía aprendiendo a traducir cada