CAPÍTULO — El sobre que casi nos rompe
La mañana llegó mansa.
Demasiado tranquila para dos personas que venían de sobrevivir y habían apostado por el amor.
Lourdes abrió los ojos despacio, todavía con la sensación de que si se movía demasiado rápido, la felicidad podía asustarse y salir corriendo.
Martín no estaba.
El lado de la cama conservaba su calor, pero él ya se había ido a trabajar.
Sobre la mesa de luz había una nota escrita a mano.
“Vuelvo temprano.
Si necesitás algo, me llamá