CAPÍTULO 128— Donde el amor aprende a volver
Lourdes no avisó que regresaba porque no sabía cómo sería recibida.
Ni a su padre.
Ni a Carolina. Ni a nadie que pudiera detenerla con una pregunta.
Había tomado el primer barco que la trajera a Montevideo con el corazón desordenado y una certeza que la había perseguido durante toda la noche anterior:
si no iba ahora, lo perdía para siempre.
El taxi la dejó frente a los supermercados Cristian a media mañana. Ella sabía que él era el CEO de ahí y con