CAPÍTULO 11 — EL LIBRO QUE LO DELATA
Salí de casa esa mañana con el corazón todavía encogido, con esa sensación que se instala en el pecho cuando una se despierta y se da cuenta de que su vida ya no es la misma, de que nada volvió a acomodarse en su lugar después de tantas pérdidas acumuladas, y habían pasado apenas veinte días desde la lectura del testamento, pero el nombre “la heredera inesperada” ya me seguía como una sombra que no sabía cómo sacarme de arriba. Los diarios, los noticieros,