CAPÍTULO 10 — EL DIAGNÓSTICO QUE NO PERDONA
Carolina llegó al hospital del brazo de su madre, como si todavía fuera una niña que no supiera entrar sola a los lugares donde se deciden las tragedias. Betina caminaba despacio, con esa seguridad cautelosa de quien conoce de memoria los pasillos, los olores y los silencios que casi siempre anuncian malas noticias.
Betina llevaba años recorriendo hospitales. Ya casi no veía. A veces distinguía sombras, a veces alguna claridad difusa, pero se movía c