Capítulo 102 — El ataque frustrado
Mauro avanzó un paso más dentro de la habitación.
La puerta se cerró a su espalda con un chasquido seco, casi imperceptible, pero suficiente para sellar lo que él creía su destino… y el de ella. Su ahora exesposa.
La luz era mínima, apenas una lámpara encendida junto a la cama. Los monitores marcaban un ritmo constante, regular, ese pitido clínico que Mauro ya asociaba a hospitales, a pérdidas y a humillaciones que no había sabido evitar.
La figura bajo la