CAPÍTULO 100 — Martín, bajo fianza
Rosa no durmió esa noche.
No quiso tomar ninguna medicación. No quería que su mente se apagara. Se quedó sentada en la cocina de la mansión donde todavía vivía, la casa que había sido de su padre, con la cartera apoyada sobre la mesa, los papeles desparramados y el teléfono en la mano, mirándolo como si fuera un enemigo.
Tenía los ojos hinchados, la espalda encorvada y ese cansancio que no viene del cuerpo, sino del alma.
Estaba decepcionada.
Dolida.
Aver