CAPÍTULO — CONEXIÓN SIN APELLIDOS
Gabriel no pudo desaparecer de la vida de Carolina Fontes después de dejarla en la puerta aquella noche de tormenta.
Volvió al día siguiente, con una pregunta simple, de esas que parecen pequeñas pero esconden algo inmenso.
Sus ojos seguían cansados, enrojecidos, como si hubiera pasado la noche luchando contra algo invisible.
—¿Dormiste bien? —preguntó él en voz baja—. ¿Te lastimaste con la caída?
Carolina lo miró como si esa pregunta fuera algo que hacía meses nadie le regalaba.Parpadeó varias veces antes de responder, como si necesitara enfocar el mundo de nuevo.
—Un poco… —murmuró—. Nada que no pase.
Pero Gabriel lo vio.
Vio cómo entrecerraba los ojos cuando la luz le daba de frente.
Vio cómo llevaba los dedos una y otra vez a los párpados.
Vio cómo respiraba hondo, como si sus ojos también le dolieran por dentro.
—Yo… hoy no trabajo a la mañana —dijo ella, acomodándose una manta sobre los hombros—. Tengo que ir al médico después.
Él a