Ahí estaba, la verdad frente a mis ojos. El panorama antes tan alentador iba desmoronándose a pedazos frente a mí. Ella era un demonio, con un plan para cada cosa, con una perversidad que no tenía nombre.
—¿Te ha gustado la puesta en escena, Clara? —preguntó Carla, yendo hacia donde yo me hallaba.
Tenía los ojos chispeantes y el cabello impecable, había ido a cambiarse y tomado ese baño de relajación. Se veía imponente, bella, esplendida. Un brillo radiante que solo se daba cuando uno estaba re