Pude ver que Lucio haría cualquier cosa, porque su mirada ya no tenía culpa ni pena. Ahora tenía el deseo de obedecer las órdenes de Carla. Yo me quedé helada, paralizada sin poder hacer nada para reaccionar ante esas palabras tajantes.
Ella, de pie frente a mí, le decía a Lucio las órdenes precisas. Iba a hacerme su sumisa, era su venganza. Su mente planeaba miles de maneras en las cuales humillarme por segundo. Al provocarla, había hecho que pensara todavía más en esas formas.
—No lo hagas Lu