Al tener que marcar un número, mi mente se quedó en blanco. Las puntadas en la cabeza a causa del dolor de los golpes se multiplicaron. Comencé a pensar que estaba perdida. Al intentar navegar por internet me topé con que el internet no era el suficiente para lograr entrar a un sitio con mi cuenta.
Solo podía llamar y no recordaba el número de Koddel, ni de Zim, ni de nadie que hubiera conocido hacia poco. La debilidad me estaba haciendo cerrar los ojos y me creí próxima a desmayarme en cualqui