Despertar con ese dolor de cabeza era un mal que no le deseaba a nadie. Tenía moretones por todo el cuerpo, sentía como mis huesos estaban más frágiles. Intenté abrir los ojos inútilmente, aún los tenía vendados.
La oscuridad me daba un miedo terrible en esos momentos, aunque yo no fuera de las personas que le temían demasiado a la noche.
Tampoco pude hablar, mi boca estaba cubierta con otra venda y el sabor era repugnante. Quería gritar auxilio lo antes posible, algo ingenuo, porque ya nos h