El ambiente en la habitación se volvió pesado, cargado con una tensión palpable que parecía estallar con cada respiración que tomaban.
Giancarlo, observando cada gesto de Roma, tenía los ojos fijos en ella, como si analizara cada parte de su ser.
Su sonrisa se desdibujaba lentamente, pero su mirada, penetrante y desafiante, la atravesaba.
Las mujeres a su alrededor se quedaron en silencio, conscientes de la dinámica que se desataba entre ambos, como si esperaran un desenlace.
—¿Y por qué negocia