Cuando el auto se detuvo frente a la entrada del lujoso hotel, Beth sintió que su cuerpo entero temblaba. Sus piernas estaban tan débiles que apenas pudo sostenerse al bajar.
Su instinto le gritaba que corriera, que huyera antes de cruzar esas puertas, pero una voz helada resonó en su cabeza, atrapándola en una jaula invisible.
"Consigue el dinero para la operación de tu hermano. Si vuelves sin él... ¡Voy a matarte!"
La amenaza de su padre le perforó el pecho como un cuchillo.
No había ternura,