Cuatro meses después.
Roma despertó lentamente, sintiendo el suave roce de las sábanas sobre su piel.
Una cálida sensación la invadió al notar que el bebé dentro de su vientre se movía.
No había nada como esa conexión, ese recordatorio constante de que, a pesar de las tormentas de la vida, ella era madre de nuevo. Benjamín había sido tan tranquilo en su barriga, pero este bebé… este bebé no paraba de moverse, de recordarle que la vida seguía, que la esperanza podía renacer.
Era un día especial.