33. Tu madre está viva.
POV IRENE SAINT
Las horas se deshicieron lentamente, hasta que el atardecer se derramó sobre la villa.
El silencio se adueñó de cada rincón, denso, expectante.
No había recibido ningún mensaje de Alessandro en todo el día. Ni una llamada, ni un simple “llegué bien”. Nada.
Solo el vacío de su ausencia, expandiéndose en el aire como un eco sin respuesta, el reflejo amargo de nuestra última conversación.
Su silencio me dolía más de lo que quería admitir.
Intentaba convencerme de que no impo