Veloz como un relámpago, Caty se salió de entre los brazos de Sander, se acomodó la bata y caminó en dirección a su marido.
Preparándose para lo peor.
— Esto no es lo que crees. Yo...yo puedo explicarte...— balbuceó, elevando sus manos en súplica. Lo último que quería era una discusión y una guerra de puñetazos entre los gemelos.
Sandro la contemplaba divertido. Con las cejas elevadas y con los brazos cruzados sobre su pecho. Tomando nota de lo apetecible que se veía su esposita, sonrojad