Los días siguieron transcurriendo en la misma sintonía. La presencia de Oliver se había vuelto una constante en su vida. Se había sorprendido a sí misma, esperándolo en más de una ocasión. Pero cuando finalmente aparecía, lo repudiaba; sin embargo, él era paciente ante su rechazo.
—Mañana podremos ir al médico, a ver cómo va la pierna. Quizás terminen quitándote este yeso mucho antes de lo planeado —le dio la buena nueva con una pequeña sonrisa en sus labios.
—¿Tú crees? —preguntó como una niña