Justo como le había indicado su ginecóloga, Adhara se estaba tomado el tema de la concepción con calma.
Había permitido que pasaran las semanas sin obsesionarse ante las más mínimas señales de un embarazo.
Había sentido un poco de mareo y náuseas, pero no atribuyó esto a un síntoma serio, así que no se hizo un test para comprobarlo. Ya había caído en el error de hacerse una prueba a la más mínima señal antes, para encontrarse entonces con un negativo y terminar perturbándose.
En esta ocasión,