76. De regreso en el cuarto del espejo
Cuando Aelina terminó de comer, se apresuró a vestirse con los atuendos en su mayoría oscuros que Valdimir le había proporcionado. Sus dedos luchaban con los intrincados botones y lazos mientras se enfundaba en un vestido de terciopelo color azabache que se ajustaba a su silueta como una segunda piel.
«No estaría mal tener una doncella que me ayude, pero bueno, eso no es posible…», pensó Aelina mientras se vestía lo mejor que podía por cuenta propia.
Y así, una vez lista, Aelina salió de la alco