42. Secretos que jamás deben revelarse
La bilis subió por la garganta de Aelina ante la imagen mental de ser devorada viva, y tuvo que tragar con fuerza para mantener la compostura. Sus manos temblaban ligeramente, y las apretó en puños para ocultarlo.
—Pensé que... —comenzó Aelina, su voz apenas un susurro. Se aclaró la garganta y continuó con más firmeza— los lobos se transformaban en luna llena, o en el día cuando será luna llena.
Vladimir giró su cabeza hacia ella, con sus ojos brillando con inteligencia. Cuando habló, su voz res