34. Juntos en el Cuarto del Espejo
Con un gesto brusco y sin delicadeza alguna, Valdimir sujetó firmemente el brazo de Aelina y comenzó a guiarla a través de los largos pasillos del imponente castillo del reino de los lobos. Los curiosos ojos de los sirvientes y guerreros que deambulaban por los corredores se posaron sobre ellos, observando con atónita mirada cómo el soberano conducía a su reina sin el menor atisbo de gentileza.
En el trayecto, Aelina intentó zafarse en vano de su férreo agarre, forcejeando inútilmente mientras u