175. Hilos de tiempo, lazos de sombra
Irina, con sus ojos fijos en su hermano, dejó que una sonrisa siniestra se dibujara lentamente en sus labios. Ella tenía pensado fingir, pero por lo visto Valdimir no le estaba haciendo esa tarea tan sencilla, fue por eso que, sin poderse controlar, dijo:
—¿La maldición que no me pertenece, dices? —La voz de Irina era suave, casi melodiosa, pero llena de una amenaza latente—. Oh, querido hermano, qué equivocado estás. Yo sé que nunca te lo dijeron, y yo tampoco, pero... realmente yo soy la verda