166. Un equipo no tan unido
Sin perder más tiempo, la pareja real se dedicó a completar su aseo, cada uno perdido en sus propios pensamientos sobre lo que les aguardaba dentro de poco.
Una vez fuera del baño, Aelina se dirigió hacia el amplio guardarropa, ahí los sirvientes habían guardado la ropa de invierno que su Rey les había pedido, se trataba de un elegante vestido de invierno, confeccionado con la más fina lana de las ovejas de las Montañas del Norte. El vestido, de un profundo color azul medianoche, estaba adornado