Cuando Serena despertó por la mañana, todavía le dolía un poco la cabeza.
Pensó que no debería haber bebido tanto la noche anterior. Sabía que no tenía buena tolerancia al alcohol y que cada vez que bebía, siempre se despertaba con dolor de cabeza.
Un suave aroma amaderado flotaba en el aire, y Serena lo reconoció enseguida como un olor familiar. Abrió los ojos lentamente.
Esteban llevaba un pijama de seda negra. Tenía dos botones desabrochados, dejando ver parte de su pecho marcado y una claví