Serena se acurrucó en el pecho de Esteban y, de paso, le pegó sus pies helados a la pierna.
El efecto del analgésico no tardó en hacer efecto, y su cuerpo empezó a calentarse poco a poco. Sin darse cuenta, se quedó dormida recostada contra Esteban.
Los ojos de Esteban brillaban con una oscuridad profunda, sin dejar pasar un solo rayo de luz.
Si Serena hubiera podido ver su expresión en ese momento, seguro se habría asustado tanto que no se atrevería a seguir en los brazos de un hombre tan pelig