Aunque Cebrián solía ser una persona reservada y poco habladora, cuando se trataba de convencer a inversionistas, era sorprendentemente hábil. La mitad de su talento estaba en la dirección de películas, y la otra mitad... en conseguir financiamiento.
Sin embargo, en ese momento, sentado frente a Esteban, no logró decir ni una sola palabra durante varios minutos.
Esteban lo miró con frialdad y preguntó con tono impasible:
—"¿Cuánto necesitas?"
Cebrián dudó unos segundos antes de responder:
—"¿Oc